Un azulejo de cristal moviliza y eleva el alma
como la música desgarradora y eléctrica
del rugir salvaje de una motocicleta
cuando empuja fuera de nuestros oídos
el invisible aleteo de un colibrí enamorado.
Es la luz del Sol, líquida de fábrica
y etérea en nuestras exóticas almas,
la que hace florecer los bosques que diariamente
deforestan nuestros leñadores mentales.
¡Tan espléndida es la curva de la gota!
Y más amamos a la del sudor,
la que trabajo denota tras febriles noches,
que a la cristalina lluvia que ansía
despejar nuestras turbias visiones.
¡Es el ambiente polar y nevado; nuboso!
Es él, el pardo oso, el saludo de despedida;
es el invierno osado, tu muerte, árbol floreado;
es el valor del universo al plantarse adverso
ante los hombres, que morirán entre el hielo.
¿Mas quién de vosotros se atreve a forzarlo
para que haga del liláceo y oscuro frío
el eterno y placentero goce del calor corpóreo?
24/06/09
Umbra
11/06/09
Sommeil éternel
El mundo que respiramos es el sueño de aquellos que cuando dormimos despiertan; nuestros sueños, su experiencia, inalterable. Y cada vez que solapadamente nos sumimos en las profundidades de nuestro inconsciente, ellos comienzan un nuevo día, radiantes. Estar cansados es señal solamente de que ellos no planean dormirse; y somos nosotros quienes nos vemos obligados a sellar nuestros párpados.
El mundo que vemos cambia dramáticamente cuando no lo vemos, se cubre de indescifrables símbolos, eternos, inagotables en sentidos; muda sus ropas, sus colores, sus fragancias, sus personas. El mundo que respiramos jamás se detiene a tomar aire, avanza, y lleva con él algún atento viajero que esté dispuesto a mantenerse despierto por el resto de su vida, mientras alguien, del otro lado, muere por despertar.
Ya no queda nada real, para ninguno de los dos; paradójicamente soñamos soñadores que nos sueñan, y creen tener control sobre nosotros cuando, evidentemente, el control es de alguien más. ¿Quién se atreve a soñar este juego de infinitas fantasías? Quienquiera que sea, no queremos que despierte. Porque cuando lo haga, ni ellos, ni nosotros, volveremos a soñar ni ser soñados.

