Está lleno de viejos putos que se jactan de haber leído todos los anales de la historia, cuando es saber popular que han sido históricamente penetrados analmente. Y esos especímenes quieren gobernarnos. Algunos, como yo, o mi abuela, podemos estar cansados de bucear por las aguas de la basura que los medios llaman "propaganda política". Otros, como los pobres que se alimentan del cambio del supermercado o las sobras del domingo al mediodía, las consideran verdaderas obras de arte, anzuelos de gordos peces que ansían que se les ponga una lista entre las manos para poder hundirla en la puta urna mientras el orgullo sube por su espina dorsal como si tuvieran mermelada de durazno en el ojete.
Y el tiempo vuela. Para mí o para esos infelices. Hoy como mañana, el que manda, sea un intelectual o tenga medio dedo de frente, come jamón crudo mientras los demás mastican las llantas gastadas de sus bicicletas oxidadas. Sólo para tener el gustito. Los que lo votaron, el gustito de la traición, de ser olvidado y engañado, el ardor profundo en la garganta al practicar sexo oral con un camello. Los que no lo votaron, esa sensación de impotencia combinada con liberación y estar eximido de la culpa; un sentimiento similar al de tomar un laxante distraídamente y saber que el servicio de saneamiento va a enfrentar problemas la semana entrante.
Y saben que manejan la manada. La manejan sin problemas, porque la manada es retrasada. Es como una recreación día a día de la llegada de los conquistadores españoles a América. Los indios se hacían los malos y le tiraban dardos y flores a los españoles, pero después de que estaban dormidos por el veneno les sacaban la ropa y se los cogían por ser superhombres y estar pegados a los caballos. Ahora es igual, los periodistas y la gente tiran basura contra todos los políticos, pero todos votan, y votan a alguno, y se dejan cagar en la cara cuando llegan los impuestos para pagarle el sueldo al sobrino retrasado del presidente que gestiona desde su mansión en Bulgaria la cafetería de ANCAP. Todos lamemos la tabla de su water, lo quieran o no.
Para los que tienen los ojos cansados de ver carteles de listas políticas en las columnas, además del clásico e insuperable "DIOS TE BENDIGA", la solución perfecta es el voto molesto. La próxima jornada electoral, meta en el sobre una rodaja del fiambre que más le plazca. Vote salame.
Gigante - Cine Uruguayo
Hace 38 minutos

