-Un cielo azul.
-Pasto verde.
-Pero no tan verde, Raúl.
-Bueno, verde seco, Román.
-¿Ahora?
-Ahora aparece ella, mi mujer.
-Y el que te la robó.
-Si, vos, Román, vos…
-¿Yo aparezco?
-Vos me robaste a mi mujer…
-Pero sabés que no fue mi intención. Mirá, ahora ella me está coqueteando. Mirá, ahí, al lado del árbol.
-¿Qué árbol?
-El árbol, el que sale del pasto verde no tan verde, verde seco, y contrasta con el cielo azul.
-Ah, sí, los veo. A ella, al árbol, y a vos.
-Me dice cosas, ¿ves? No me eches la culpa, así es siempre.
-¿Y vos que hacés?
-Mirá, ¡me tira besos!
-Sí, pero, ¿vos que haces cuando pasa eso?
-Y Raúl, yo trato, y trato, pero a veces no puedo. Ellos me dicen que vaya, que le responda…
-¿Otra ves con los cascarudos?
-Ahora los conozco mejor. Son dos, se llaman Luis y Guzmán. Luis es el mayor, pero es medio marica.
-No nos vayamos de tema. Están ahí, el cielo azul, el pasto verde, no tan verde, seco, el árbol, ella, vos. ¿Qué pasa ahora?
-Ahora yo me acerco. Pero no es por gusto, Guzmán me está alentando, no es mi culpa.
-¿Y?
-Ella corre y me abraza. Está asustada. Dice que vos le das miedo. Que le haces acordar a un centauro, siempre tan orgulloso. Crees que tenés cuatro piernas y dos fuertes brazos.
-Ya sé que no te caen bien los centauros.
-Pero a ella sí. El problema es ese. Ella te quiere, pero sos muy severo y orgulloso. Entonces se va conmigo. Yo soy más como un elefante.
-¿Por la panza?
-Por la trompa.
-Dejémosla ahí.
-Bueno. Entonces sigo. Ahora, ella, bajo el cielo azul y sobre el pasto verde, no tan verde, llora en mi hombro.
-¿El derecho?
-No, el izquierdo. Siempre usa el izquierdo. Los hombros izquierdos de mis camisas están medios gastados.
-Camisas baratas.
-Sí, eso te hago creer a vos. Ella me da un beso y dice que tiene miedo, otra vez. Dice que no quiere que sepas que estamos juntos. Entonces sale corriendo hacia la cocina.
-¿Está cocinando?
-Un guiso. Y se le estaba quemando, por eso salió corriendo.
-¿De lentejas?
-Porotos.
-No es mi estilo.
-No está cocinando para vos. Ahora vuelve. Tiene una cuchara humeante en la mano, me da para probar. Está muy rico. Yo le doy un abrazo mientras trato de tranquilizarla. No quiero que llore.
-¿Van a sentarse a comer?
-Esperá. Después, bajo ese cielo azul, junto al olmo, aquel árbol, nos ponemos a discutir.
-¿Discuten?
-Sí, ella dice que no te puede hacer eso. Me dice que soy un mal amigo contigo, pero un buen amigo con ella. Yo creo que es más que una amistad, pero antes de que mis pensamientos se vuelvan palabras, ella me tapa la boca y nos vamos a almorzar.
-¿Cómo se sientan?
-Uno frente al otro, y nos miramos a los ojos. Ella está triste.
-¿Vas a probar el guiso?
-Si querés te convido.
-No, gracias, comé tranquilo y seguime contando.
-El guiso está aguado. Creo que es por las lágrimas. Eso es, mucho llanto, por eso trataba de consolarla, por el guiso.
-Así que no la querés tanto…
-Si que la quiero, pero también al guiso. Yo no como guiso tan seguido…
-¿Ahora que pasa?
-Ahora el postre, y después, cuando terminamos, me paro y ella me mira, incómoda. Dice que no debería irme, pero yo se que sí. Entonces agarro el saco y camino hacia la puerta. Ella corre y me da un beso.
-¿Corto o largo?
-Ya lo vas a ver, esperá. Porque entonces se abre la puerta, y entrás vos. ¿Ves al beso?
-No.
-Entonces correte un poco a la derecha, es por la cortina, te tapa un poco.
-Ah, ahí. Sos un desgraciado, Román.
-Entonces vos dejás el termo y el mate sobre la mesa y me partís la cara de un piñazo. Yo estoy en el piso, sangrando, y ella llora. Te tiene miedo, otra vez, y otra vez el llanto, el mismo del guiso. Espero que la próxima vez no sea sopa.
-¿Y después?
-Después vos tendrías que saber, vos le diste ese giro a la historia.
-¿Yo? Ustedes me estaban engañando, vos como amigo, y ella como esposa. ¿Qué otro giro podría darle? Ustedes son los retorcidos.
-No, antes. Vos provocabas los llantos, Raúl, cuando llevaste aquella bestia a casa.
-¿Al pequinés?
-Sí, el de los cuernos.
-Ese soy yo.
-Pero vos la hiciste llorar, Raúl. Vos pusiste las lágrimas en aquel guiso. En ese limpio día, de cielo azul y césped verde, no tan verde. Un día claro, pero seco. Como el pasto.
05/04/08
Guiso de Lágrimas (II)
Publicado por
Jimpa
a las
10:41
Etiquetas: Raúl y Román
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20 bolazos:
jaja,me hace acordar a una comedia cuando se meten los cuernos,jaja
Saludos
Tambien lo habia leido y tampoco lo entendi XD Ayy, me siento tan estupida!!
Besotes Jwa
malditos comunistas
Me rehuso a creer que esto fue obra de EL Jimpa.
Good stuff indeed...
Jaja estás loco Joaquín. Y t tengo en los links como que os el dios blogger e.e
jeje!Que locura que tenés pibe, locura que me encanta!Un gustazooo chamigo!!!
ESTÁ BUENÍSIMO PENDEJO....MENOS MLA QUE DEJASTE LAS PEDORRADAS QUE HACÍAS CON EL SIOME DEL OTRO...JAJAJA
El Roman es un grande...!
un abrazo!
Cada día mejor pendejo!!!
chupate esa mandarina, riquelme!
PARA LOS QUE ANDAN PREGUNTANDO:
YA TENGO LAS 3 PARTES DE ESTA HISTORIA, LAS ESCRIBÍ ALLÁ POR EL MES DE DICIEMBRE, ASÍ QUE NO SE EXASPEREN POR UNA NUEVA PARTE. LA PRÓXIMA ES LA ULTIMA.
JAJJA JULIO SOY YO, USÉ EL MAIL DE MI VIEJO XD
Román es cra, sabelo
esto es como las telenovelas que mira mi abuela
es mejor, mucho mejor, porque no hay locos en las telenovelas
Muy buenoooo me encantó. Jimpa hace mucho que no pasaba por aca! Estas re loco sabelo. saludos carolaina.
Etiqueta: Raul y Roman despues de un te de floripón jeje
Estuvo bueno
Hahaha cómo me reí con lo que me contaste de tu fan-roba-vidas.
Ah, te diste cuenta que el inicio de tu relato combina con el fondo de tu blog? (Sí, me levanté tan observadora)
qué fantásticas son las relaciones humanas!
♥
rafa dise: obra caida de el olimpo
time dice(periodico famso idiota!): ee un .... isis
bsbsbs
sale con fritas
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