-¿Entonces?
-Pasó eso, tú sabes, lo de siempre.
-¿Qué? ¿Cómo pasó?
-Como de costumbre, estábamos en el lugar de siempre, sentados como siempre, hablando de los mismos temas que acariciamos día tras día. Y sucedió. No supe cómo pero pronto me vi encerrado en esa situación.
-¿De nuevo te mandó preso? ¿Cuándo dejarás de hablarle? Siempre que te acercas a ella, llama a la policía. Creo que de cierta forma tiene razón, mírate, estás todo sucio y lleno de polvo. ¿Hace cuánto que no te bañas? Deberías dejar la onda reggae y buscar trabajo. Si hay algo que la droga que consumes no consigue, es dinero. Puede traerte esa sonrisa falsa que llevas contigo como compañera, pero no el dinero para mantenerla.
-¿Y no dicen que el dinero no compra la felicidad? ¿Y quién dijo que me había mandado preso?
-El dinero no es la felicidad, pero a ti te vendría bien un poco de verde en esos bolsillos. El único verde que ves en tu vida es el de la droga. Con respecto a lo de haber ido preso, lo supuse por esas esposas que traes puestas. No eres muy inteligente, ¿no? ¿Acaso no aprendes más?
-Las esposas son de otra escena, y es más bien cariñosa. He entrado en un club de sexo violento. Descubrí que me gusta que me peguen y corten. Lo malo es que la parte del sexo nunca parece venir. Parece más bien una clase de pelea, donde todo el mundo disfruta marcando la espalda de otro usando látigos recubiertos de púas.
-¿Y dónde está el cariño? Sólo veo violencia en tus palabras.
-Ah, amigo, más que eso. Es el aroma de cada sonrisa. El sabor de cada golpe. Esa gente comparte eso conmigo, se sienten de la misma manera. Vivos, eso es, nos sentimos vivos. Cada herida, ver la sangre correr. Si fueras humano, me entenderías.
-Llegará el día en que mueras de un golpe en la nuca, pero nada de eso importa si eres feliz, ¿no es así? Hay gente que vive sana y miserable por toda su vida. Supongo que habrá gente trastornada que prefiere sonreír día a día con cada hueso de su cuerpo reducido a polvo. Pero volviendo a nuestra cuestión, ¿qué sucedió hoy entonces?
-Estábamos ella y yo juntos, allí, como siempre. El día cayó sobre nosotros como una ola de agua helada rompiendo en la costa. Espumante, comió poco a poco lo que quedaba de nosotros. El tiempo, con el tiempo, se fue yendo hasta que solo quedaba la luna y los dos. Un halo esplendoroso que bañaba nuestras alas; ángeles, eso éramos. Entonces pasó. Nunca sabré como ni cuando. Nunca conoceremos la causa, ni menos lo que provocará.
-¿Qué sucedió entonces?
-No lo sé, dime tú, ¿acaso no estabas contando la historia?
26/09/08
Dos
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2 bolazos:
Yo te digo qué pasó: se dieron cuenta que amaban el sexo violento y se fueron juntos. Ya está, no hay más misterio. Mucha luna y dulzura les despertó el lado violento, ¿que no es obvio?
es, será? (siameses)
Abrazo
Diego
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