-¿Me conoces?
-Ya no más, no sin aquellos ojos. Mira estos, son de madera, opacos, secos, y no encontrarían un rostro hermoso aún cuando estuviera rodeado de la gente más grotesca. Ellos lloran, y la madera ha comenzado a brotar. Han enraizado en las profundidades de mi cuerpo, donde las imágenes ya no parecen ser de importancia. Pero florecerán algún día, así como tu tibia juventud, y podré mirar nuevamente el color de esos ojos que tanto han alimentado mis esperanzas. Espera, amor mío, y vence al odio que tanto ansía apoderarse de tu mente.
-Esperaré, más apagaré toda luz que se cruce en mi camino. Los tiempos tristes deben pasarse abrazando a la oscuridad, lamiendo el silencio. Cobraré venganza a mi pereza y estrecharé vínculos con mi conciencia. He aquí la voz de las flores, el canto de las tumbas. Han hablado desde otros mundos pidiendo que vayamos a visitarlos.
-¿Y si lo hacemos, cómo piensas volver? Significaría para ti pasar el resto de la insoportable eternidad a mi lado, y nadie quiere vivir así ni siquiera durante un día. Allí, los relojes han perdido sus agujas. Los minutos y segundos son sólo fotos, enmarcadas en oro, cubiertas de polvo en lo profundo de un oscuro baúl. El tiempo es para nosotros la excusa para nuestra impaciencia; sólo necesitamos más. ¿Acaso deseas perderlo por siempre?
-Sí, deseo. Deseo tantas cosas que deberé caminar por el abismo, un día de estos. Mi infierno comenzará en el noveno piso, y bajaré seiscientos sesenta y seis escalones hasta postrarme bajo las garras de Lucifer. Mis ojos, nuestros ojos, serán rojos como la sangre y alumbrarán el camino de los más débiles. Los muertos nos darán la bienvenida allí donde el azufre quemará nuestros pulmones, adornarán nuestra llegada con esqueletos y restos de cuerpos que algún día se rindieron ante el castigo de su vil majestad. Caína y los traidores no correrán tras las sombras, y nos abrazarán aún bajo la intrigante mirada del demonio. Corre, amor, si deseas volver a casa sin el rojo en las ropas.
-Ya no te conozco. Si el amor te conduce, entonces ruégale a tu hambre animal que no arrastre eso que tú llamas cuerpo hacia las profundidades. Apaga tus instintos, traga tus impulsos. Todo estará perdido en esta guerra, y sólo podremos sentarnos a llorar y buscar una canción aún más triste. Y cuando la encontremos, jamás pensar en tiempos de felicidad. Dejemos que las lágrimas apaguen el fuego en nuestro rostro, el humo ahogará poco a poco nuestras penurias. Pero jamás escupas en la cara a los ángeles, porque Belcebú no querrá darte una ayuda a menos que le otorgues el control de tu alma. Corre, amor, si deseas seguir en casa sin el rojo en las ropas.
-Escucharé tus gentiles cantares sólo una noche más. Y si, en el transcurrir del tiempo, la esperanza no se ha escondido tras las sombras de la duda, entonces me quedaré a escucharlos otra noche. Sólo cuando la campana deje de sonar, sólo cuando canten los cuervos al verme pasar, sólo entonces cavaré la fosa más profunda hasta la morada de los sabios. Ellos, los que han escuchado y visto todo, sabrán decirme qué tan bueno es el mundo cuando no hay tiempo que incinere la juventud. Siéntate, amor, si deseas que me quede, y entona con tu voz de roble aquellas melodías que alguna vez separaron a Satanás de nuestros pensamientos.
destello
Hace 6 horas


4 bolazos:
¿El amor te aleja del instinto y lujurioso deseo?
Dolce stil novo?
BEBETO
si te olvidaste de satanás, es al pedo leerte...
jajajajajajajajajajaja
:/
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