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atte Jimpa

29/05/08

Adelantado

-Dígame, señorcito, ¿cuándo fue la primera vez que entró a este club?
-Y bueno, la primera vez que vine a este lugar, sólo tenía 12 meses y unos pocos días. Era muy chico, pero mi padre me había criado fuerte, así que, sin miedo, me animé y empecé a hacer pesas.
-¿Tan joven?
-Bueno, empecé con el chupete. Le puse dos kilos y después de dos semanas succionando tenía los labios más gruesos que Susana Giménez recién salida del quirófano. Era trabajo duro, pero fue ahí cuando me di cuenta de que lo mío era hacer fierros.
-¿Y a qué edad empezaste a cargar?
-La verdad, desde los tres meses, pero a esa edad no sabía muy bien lo que hacía. Recuerdo que una vez mi padre me hizo cargar las valijas de toda la familia; usando solo el dedo meñique, por supuesto. Sinceramente, no creo que sea una especie de superdotado de la fuerza o algo parecido, desde chico creo que mi padre le ponía algo a la leche, además de los somníferos para que mi madre se durmiera.
-¿Tu padre dormía a tu madre? ¿Nunca lo denunciaron?
-Mi padre le ponía unas pastillas amarillas y mi madre decía cualquier disparate. Entonces mi padre la colgaba de una cruz dada vuelta y le daba latigazos. Yo, que ya tenía fuerza, daba vuelta la cruz y a tirones le aflojaba la piel a mi madre, pero creo que eso era peor. De todas formas, ¿cómo denunciar a un padre que cría tan bien a su hijo?
-Bueno, sigamos hablando, ¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a la guerra? Si no me equivoco, tenías 5 años, ¿no?
-A los 5 años yo ya entrenaba duro. Un día estaba practicando y le tiraba pesas de 200 kilos a los autos que pasaban, y me vio un coronel del ejército. Ahí se dio cuenta de que era un guerrero excepcional; no solo por mi fuerza, sino por la puntería que tenía, especialmente cuando se trataba de autos de empleados públicos o comunistas. Ahí fue cuando me llamaron al ejército, y serví al país, por honor a mi padre.
-Me contaron que tenés el pito chico. ¿Qué tenés para decirme?
-Ah, es una anécdota que me cuesta mucho contar. Lo admito, sufro del mal del “pene plano”. Un día, haciendo sentadillas con 500 toneladas, sentí que el charango se me iba para adentro. Dejé la pesa y me pegué en el pecho. Tosí un par de veces y escupí los huevos. Desde ese día tengo dos municiones en lugar de testículos. Lo del pene plano viene por otro lado. A los 4 años de edad, le pasé a mi padre la pesa de 300 kilos, y se enojó conmigo porque estaba levantando muy poco, así que me apoyó la pesa en la punta del manubrio, haciendo que quedara toda despedazada. Ahora mi pene parece una paleta de pingo pong.
-¡Uh, qué dolor! ¿A qué edad piensas morirte? No es común lo que vos hacés.
-Bueno, llevo varios años, pero mi objetivo es llegar a levantar un elefante con cada dedo. La verdad me tengo confianza. Actualmente estoy practicando duro para cumplir mi objetivo, aunque, para responder a tu pregunta, es probable que muera durante la prueba. Pero me consagraré como el hombre más fuerte del mundo, si es que a mi edad ya puedo llamarme hombre.
-Por lo que sé, a pesar de tu precoz edad, has hecho muchas cosas de adultos. ¿A qué edad tuviste tu primer encuentro pasional con una chica?
-Bueno, la primera vez fue en el gimnasio, por supuesto. Ella estaba haciendo pecho plano con 700 libras, y me acerqué canchero a preguntarle algo. Le dije “¿cuánto aguantan esas tetitas, mamaza? Tocame la mancuerna”. Entonces me di cuenta de que era un travesti, y me rompió el culo. Desde ese día sufro de hemorroides de tipo “Chengue Morales Clase B”, que me provocan un sangrado diario y me obligan a usar pañales.
-Bueno, para concluir esta entrevista me gustaría decirte que sos la persona más deforme que he conocido. Me repugna completamente estar al lado de alguien tan enfermizo y vicioso. Pero a la vez me excita que estés aquí conmigo, me pongo loco de solo pensar que fuiste amigo de Adrián, el cantinero del bar gay que está a la vuelta de mi casa. Soy un gran fanático de su manguera.
-Muchas gracias.
-Una última pregunta, ¿Qué edad tenés, pibe?
-Siete años, por supuesto.

13/05/08

Insomnia

-Deberías conseguir un trabajo. Siempre andás tirado, haciendo nada por ahí. ¿Acaso no querés darle utilidad a tu vida?
-He llegado a la conclusión de que soy muy inteligente para trabajar. Encuestas en Internet han demostrado que mi cerebro se desgastaría demasiado. Además, si trabajo estaré en contacto con gente diferente, como chinos homosexuales y negros zoofílicos. A nadie le gusta ese tipo de gente.
-¿Pero cómo usarías tu cerebro si no haces nada? Por lo menos deberías conseguirte una novia. Una mujer como yo.
-¡No sos una mujer! ¡Sos mi madre! ¡Dios santo! Si lo que querés es tener relaciones conmigo, deberías decírmelo. Pero es incesto y nuestros hijos saldrían retardados y con tres ojos.
-Me refería a una mujer, no a mí en especial. ¿Ni siquiera pensás seguir con el deporte?
-Era mi idea, pero la última vez que fui a la práctica de fútbol todos se habían vuelto glams o planchas, y yo no era como ninguno de ellos. Creo que ya no queda gente normal.
-Yo prefiero a esos que se visten de negro y parecen vampiros. Al menos matan gente y le chupan la sangre mientras escuchan death metal melódico.
-Lo ideal es que sea melódico, de lo contrario sólo oyes gritos y no sabes si es una banda de rock o una madre pariendo quintillizos. Volviendo al tema, hasta el DT se había vuelto glamoroso. Tenía el cerquillo muy sobre la cara y no podía ver cuando nos guiñaba para indicarnos las jugadas. Todos estaban como electrizados por esa música que llaman electro. Creo que es por eso que no ganamos. En vez de pasar la pelota o avanzar hacia el arco contrario, todos estaban conectados a sus celulares escuchando música. ¡Hasta el DT!
-Yo los mataría a todos. Compremos una motosierra.
-A mi me gustaría cortarle las piernas. Así no pueden jugar más al fútbol.
-Ni bailar electro.
-Exacto. Estos seis meses en coma me han dejado muy atrasado. El otro día una chica me dijo que era muy “caño” y no supe que responderle. Ahora entendí que me quería recontra chupar la wasca, pero me perdí la oportunidad.
-¡No hables así delante de tu madre!
-Creo que eso ya no es problema. El lunes pasado, esperando al 148, un negrito plancha, como los llaman, le estaba gritando a su madre (que tenía solo 10 años más que él, sacá cuentas) que era una vieja negra y conchuda, y que tenía la argolla fofa de tanto refregarla contra el manubrio del negro Román. Creo que entendí la metáfora, pero me costó. Esto no es como hace seis meses atrás. Todo el mundo parece haber retrocedido.
-Exactamente, eso es lo que te estaba diciendo. Es por eso que deberías buscar trabajo. Así, no tendrás cerquillo ni refregarás tus nalgas contra el manubrio del negro Alcides. Lo vi el otro día y tiene tremenda pinta de que se come la caramañola.
-Puede ser que salga a buscar trabajo. Pero antes quiero conseguir una mujer, como vos.
-¿Eh? ¿Y qué pasó con eso de que no soy una mujer?
-¡Yo nunca dije eso! Todos saben que la madre es la mujer ideal. Deberías leer más revistas. Es más, deberías buscar un trabajo en electrónica y salir más a bailar. No quiero verte refregar con el negro Román en la tienda de las caramañolas.
-Hijo, ya estás mezclando frases, ¿tomaste la pastilla?
-Eh… No… ¡Con razón! ¡Pásame el frasco de las rosadas!
-¿Qué?
-¡Con razón! ¡Hace dos semanas que no duermo!

10/05/08

Jaque al Rey

Sobre todo, un manto de cuadros. Negro, blanco, negro; la sucesión infinita de un damero que no deja rincón sin colorear. O blanco, o negro. La seguridad necesaria para el que duerme bajo el manto. La seguridad precisa para no perecer bajo la almohada; la seguridad latente de que no existen monstruos bajo la cama, pero sí sobre ella. El extraño presentimiento de que no volverá a despertar.

Sobre el manto, una guerra se lleva a cabo. Una partida de ajedrez invisible al ojo humano. Nadie sabrá cómo se desenvuelve el combate hasta que la batalla sobrepase los límites de la fantasía y se vuelque en los confines de realidad. Nadie sabrá hasta que lo peor pase. Jaque mate.

Mientras tanto, el que duerme, duerme fiado bajo el damero. No sabe que todo un ejército se mueve hacia él. Desconoce sus motivos, ignora cuál es la razón por la cual su cabeza es tan preciada. El Rey negro, su enemigo, ha puesto un precio a su muerte, un precio por el cual incluso sus más apegados fieles estarán dispuestos a traicionarlo.

Cuando el sol asoma por la ventana, la armada llega al borde del manto. Juntos desenvainan sus espadas y cortan la garganta del Rey blanco. Juntos festejan sobre la manta de cuadros negros y rojos, teñida con la sangre más pura. Y, por última vez, la seguridad de no volver a despertar.

03/05/08

Gas

Una pérdida de gas. Una pérdida de gas puede provocar un alboroto. Una pérdida de gas puede provocar un alboroto, la gente sale corriendo y gritando. Una pérdida de gas puede provocar un gran alboroto, la gente sale corriendo y gritando pidiendo auxilio. Un sutil aroma. Un sutil aroma que entra subrepticiamente en el olfato. Un sutil aroma que entra subrepticiamente en el olfato de las personas de la sala. Un aire de color. Un aire de color sin color. De color porque cuando lo transparente tiene color es malo. Y si no tiene color y es malo, igual decimos que es de color. Una pérdida de color que causa alboroto. y como causa alboroto, las personas, agobiadas por el color, salen gritando por auxilio. Un auxilio transparente que es bueno, no como esos auxilios de color, esos que venden en la feria.

Entonces un auxilio de personas. Un auxilio de personas transparentes o de color que salen pidiendo pérdidas. O gases que buscan el auxilio de personas perdidas en la memoria, donde todo era blanco y negro, sin color. Un color transparente sale corriendo y gritando pidiendo un alboroto de personas subrepticias. Y sutiles salas que se llenan de aromas perdidos.

Al tiempo el aire transparente ya es de color. Luego de un tiempo, el aire transparente ya es de color, es decir, malo, es decir, gas. Al tiempo, el alboroto de aromas se torna un aroma solo, con color, pero transparente. Al tiempo, el grito y las corridas de auxilio se callan. Muchas personas perdidas en la sala, que ya no quieren alboroto y no buscan aquel auxilio subrepticio, transparente y utópico. Todo es muerte por un aire de color, por un gas. Por un pedito.