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atte Jimpa

29/09/08

Bosque

Ahora le hablan. O al menos él escucha voces, mientras recorre ese camino que no parece terminar jamás. Ellos, los ancianos que solo se mueven cuando nadie los ve, respiran en silencio. Pero él sabe que le hablan. Sino, ¿para qué están ahí? ¿Cuál es el motivo de la existencia de cualquier ser si éste no puede comunicarse con otros? Para él, la comunicación es hablar directamente, sin intermediarios, sin señas, sin nada. Acaricia su rugosa piel y escucha sus cantos. Hoy, como cada día, ellos muestran su vida, plena, por más años que tengan.

Hoy. ¿Y mañana? ¿Qué pasará cuando los días se hagan noches, cuando la luna se trague poco a poco la esperanza de aquellos que esperan la luz? Hoy, cuando la luna y el sol comparten el día, ellos vuelcan sus dorados cabellos sobre su rostro. Mañana, cuando la nieve haya poblado su cumbre, no habrá cabello que acaricie sus suspiros. Pero ellos, inmensos, amanecen nuevamente.

Dicen que está loco; los que lo ven, y los que no. Después de todo, él abraza a los árboles y les pide consejos. Después de todo, él sólo habla con las plantas. Después de todo, él se ríe junto a las más lúgubres flores. ¿Y con personas? Él odia las personas. Encerrado en su coraza, él prefiere la savia a la sangre.

Cómo terminó así, ni él lo sabe. Algunos dicen que se crío junto a ellos, los que lo han visto todo. Otros creen que alguna vez amó y fue engañado, y por eso se oculta en los bosques. De noche, cuando el sol no ilumina su guarida, pueden escucharse sus llantos. Ellos, los que han de oír todo, escuchan con fascinación; y él, aunque esté loco, los prefiere a ellos. Sus verdes hojas han aprendido que el agitado y ventoso silencio es la mejor de las respuestas.

26/09/08

Dos

-¿Entonces?
-Pasó eso, tú sabes, lo de siempre.
-¿Qué? ¿Cómo pasó?
-Como de costumbre, estábamos en el lugar de siempre, sentados como siempre, hablando de los mismos temas que acariciamos día tras día. Y sucedió. No supe cómo pero pronto me vi encerrado en esa situación.
-¿De nuevo te mandó preso? ¿Cuándo dejarás de hablarle? Siempre que te acercas a ella, llama a la policía. Creo que de cierta forma tiene razón, mírate, estás todo sucio y lleno de polvo. ¿Hace cuánto que no te bañas? Deberías dejar la onda reggae y buscar trabajo. Si hay algo que la droga que consumes no consigue, es dinero. Puede traerte esa sonrisa falsa que llevas contigo como compañera, pero no el dinero para mantenerla.
-¿Y no dicen que el dinero no compra la felicidad? ¿Y quién dijo que me había mandado preso?
-El dinero no es la felicidad, pero a ti te vendría bien un poco de verde en esos bolsillos. El único verde que ves en tu vida es el de la droga. Con respecto a lo de haber ido preso, lo supuse por esas esposas que traes puestas. No eres muy inteligente, ¿no? ¿Acaso no aprendes más?
-Las esposas son de otra escena, y es más bien cariñosa. He entrado en un club de sexo violento. Descubrí que me gusta que me peguen y corten. Lo malo es que la parte del sexo nunca parece venir. Parece más bien una clase de pelea, donde todo el mundo disfruta marcando la espalda de otro usando látigos recubiertos de púas.
-¿Y dónde está el cariño? Sólo veo violencia en tus palabras.
-Ah, amigo, más que eso. Es el aroma de cada sonrisa. El sabor de cada golpe. Esa gente comparte eso conmigo, se sienten de la misma manera. Vivos, eso es, nos sentimos vivos. Cada herida, ver la sangre correr. Si fueras humano, me entenderías.
-Llegará el día en que mueras de un golpe en la nuca, pero nada de eso importa si eres feliz, ¿no es así? Hay gente que vive sana y miserable por toda su vida. Supongo que habrá gente trastornada que prefiere sonreír día a día con cada hueso de su cuerpo reducido a polvo. Pero volviendo a nuestra cuestión, ¿qué sucedió hoy entonces?
-Estábamos ella y yo juntos, allí, como siempre. El día cayó sobre nosotros como una ola de agua helada rompiendo en la costa. Espumante, comió poco a poco lo que quedaba de nosotros. El tiempo, con el tiempo, se fue yendo hasta que solo quedaba la luna y los dos. Un halo esplendoroso que bañaba nuestras alas; ángeles, eso éramos. Entonces pasó. Nunca sabré como ni cuando. Nunca conoceremos la causa, ni menos lo que provocará.
-¿Qué sucedió entonces?
-No lo sé, dime tú, ¿acaso no estabas contando la historia?

14/09/08

Colorblind

-Te lo juro.
-¿Me juras qué?
-El sol, jamás volverá a salir. Si vieras el horizonte, verías que las colinas abrazan las estrellas y no las dejan ir. Las hojas de los árboles prefieren bañarse bajo la luz de la luna antes que desangrarse bajo el calor del sol. Si alguna vez tuvimos esperanza, hoy se disuelve con nuestras lágrimas. Cierra esos que ya se han apagado y camina hacia el horizonte, pero jamás llegarás a donde acaba, sino que volverás conmigo.
-Tú sabes lo que dicen, que la tierra es plana y el camino no es eterno. Llegaré a donde enormes monstruos se han tragado el sol y haré que lo escupan hacia el cielo. Y haré que traguen mis tripas, si es necesario, para que ustedes, hermanos míos, no sigan viviendo en la ceguera.
-Somos ciegos porque elegimos serlo. Recuerda cuando arrancamos nuestros ojos y los escondimos en nuestras gargantas para que nadie viera lo que nosotros pudimos ver en aquel lugar donde todo era fuego y maldad. Los dientes del diablo aún puedo ver, masticando la carne de los que alguna vez eligieron el camino de la oscuridad. ¿Y qué camino hemos elegido nosotros sino aquel que es recto pero conduce directo hacia la perdición? Bajo las voces de los condenados, hemos hecho lo más fácil antes de lo correcto, hemos perdonado al pecador y le hemos dado la espalda al más bueno de los hombres. Recorrimos juntos un camino cuesta abajo que no presentó ningún obstáculo. ¿Acaso crees que merecemos algo?
-Al menos elegimos sacarnos los ojos. ¿Crees que alguien más lo ha hecho? Unos se han cortado las orejas, o la lengua. Pero nadie sino nosotros se ha privado a sí mismo del más hermoso de los dones que nos han sido otorgados. Años confiando en la aspereza de mis manos para forjar esta desgracia a la que llamo vida. Y todo, hermano mío, porque creí que siendo ciego evitaría la acidez de la tentación. Mas hoy el diablo ha subido desde su morada a ofrecerme lo que jamás podré negar. Me ha puesto ojos y se ha disfrazado de la más bella dama que jamás guardé en mi memoria. Pero luego alzó su graciosa mano, delgada y blanca como la nieve, y acarició mi rostro, dejándome nuevamente en la oscuridad. Mi alma por mis ojos, hermano, mi sufrimiento eterno por el tibio aroma del color.
-¿Qué vienes a preguntarme a mí, entonces, si el portador de la luz te ha mostrado ya el camino? Anda, justifica tus demonios.
-Estoy perdido, hermano, no sé que hacer.
-Y dime, ¿cómo puedes estar perdido si no tienes a dónde ir? Ve, busca tus ojos, y esa hermosa mujer que esta mañana te ha acariciado el rostro se volverá la bestia más horrenda que jamás hayas visto. Ve, vende tu alma y entrega tu carne al que todo lo quema. Ve, y entenderás entonces como el hombre se vuelve débil cuando cree que todo puede verlo. Mas si alguna vez fuiste de los nuestros, sella los huecos de tus ojos y ruega por que jamás entre luz por esos orificios. El diablo engaña, es astuto, pero te ha dado ese don a ti, hombre, y fue por eso odiado en los cielos. La razón te guiará por el camino donde estés más cerca de los pies de los ángeles que de las garras de las bestias; te dará la fuerza que necesitas para subir esa inmensa montaña que hasta ahora has recorrido cuesta abajo.

01/09/08

Las dos Marías

-¿Y qué de nosotras? ¿Acaso queda algo bueno para ambas? Cuando ella se ha ido y ya nada parece ser como antes. No hay dos sin tres, dicen. ¿Estamos aquí entonces, hablando? Nosotras, ojos de la eternidad, luces del destino. Nosotras guiamos a ellos quienes nos miran con melancolía, a aquellos que alzan su mirada para consultar al más antiguo de los mapas. ¿Qué será de nosotras, que sólo existimos cuando estamos juntas, ahora que una de nosotras se ha ido para no volver jamás?

-¿Crees que aún puedan verla, ellos, los ciegos, sordos y mudos? Ellos que tanto hablan y se mueven y no emiten sonido alguno. Y si ellos la siguen viendo, ¿acaso existe? No para nosotros, no. La luz que algún día alumbró nuestro camino hoy se fue para nosotras, pero para ellos, los ciegos que excavan túneles de sueños, renace con cada noche. Y pueden vernos, a las tres juntas, como nunca jamás. ¡Ah, si lo perceptible fuera igual para todos!

-¿Crees que saben que ella se ha ido? Aunque la vean, ¿sabrán que su luz se ha perdido en lo oscuro, en lo infinito? ¿Qué saben? ¿Saben? Tantas preguntas me hago, yo, que el doble debería vivir para responderlas. ¿Y si la vida me premiara con uno de ellos? Si, uno de los ciegos, mudos y sordos que día tras día miran hacia arriba buscando nuestra luz. Si pudiera mostrarle a uno de ellos que no existe nada más allá de los confines de su corta e insignificante eternidad. Simple materia que muere y renace de sus cenizas. Ciclos eternos los hemos observado. A ellos, los mortales, hemos visto nacer una y otra vez, repetir las mismas hazañas y cometer los mismos errores. A ellos, los mortales, los hemos visto caer y levantarse con nombres distintos. Han peleado contra monstruos de mil cabezas y cortado las piernas de sus mayores amenazas. Sin embargo, dime tú, amiga, por qué siguen siendo ellos mismos sus peores enemigos. Si tanto luchan por su preservación, ¿qué ganan destruyendo la sangre de su sangre? Si nosotras lloramos durante siglos la muerte de ella, ¿cómo ellos pueden matar y sonreír cuando muere uno de sus pares?

-Solo siendo ciegos, mudos y sordos. Sordos, no pueden escuchar la música que cada uno provoca al caminar. Cada vibración que produce su movimiento en el aire es la más hermosa melodía que jamás hayan escuchado. Pero la ignoran. Mudos, no pueden expresar lo que sienten. Las caricias son poco cuando nunca existieron palabras. Callan, y se ignoran unos a otros. Ciegos, buscan noche tras noche nuestra señal, sabiendo que nunca podrán verla. Así, la esperanza es la que reina sus helados corazones, congelando sus sueños, pausando sus memorias, de modo que solo piensan en el presente, olvidando el verdadero sentido de sus vidas. El presente desespera; y la desesperación mata y hace matar. Así, caminan sobre la sombra de sus antepasados, sobre la antigua carne de sus civilizaciones. Si ellos supieran que jamás encontrarán eso que tanto anhelan. Desangran a sus hijos en ofrendas a dioses que jamás les responderán. Y mira, hermana mía, si una de nosotras, las tres Marías, inmortales ojos de la eternidad, se ha ido. ¿Qué más podemos pedir? Por siglos hemos observado sus inútiles movimientos, creyendo que duraríamos por siempre. Así como ellos miran a los insectos que caminan sobre sus suelos. ¡Qué mal les caería saber que la hora le llega a todos, incluso al más poderoso!

-¡Pero qué bien les haría darse cuenta de que el presente es el peor de sus enemigos! Él, que distrae hasta al más atento y traga cada segundo de su tiempo, él, el traidor, que hace promesas vacías y poco trae cuando lo que dice ser se transforma en lo que será. Si alguno de ellos viera estas cosas con tanta claridad, hermana mía, entonces el cielo ya no necesitaría más estrellas.