Caminamos hoy por este duro sendero. El bien sólo se asoma cuando la sombra del mal se aleja de nuestras espaldas. Y es así como debería ser, o al menos eso hemos aprendido. Después de tantas penas, cuando el ardor tritura nuestras carnes y el calor hierve nuestras lágrimas, nos encontramos frente a ella.
Ella tiene ocho oscuras esquinas que debemos conquistar. Una caja que contiene respuestas a las más simples preguntas. ¿Quienes somos? ¿Para qué estamos aquí? ¿Por qué nos vamos de aquí? Por el momento estamos felices con nuestra condición. ¿Realmente queremos saber? Dejar que todo lo que hemos vivido se borre como huellas en la orilla, o estropear el trabajo de años. Saber, o hundirse profundamente en las negras y espesas aguas de la ignorancia.
Todo lo que hemos vivido descansa en nuestra memoria. A veces, si cerramos los ojos, hasta podemos tocarlo, sentirlo, vivirlo. Y cuando creemos que está cerca, que no puede escapar, lo hace. Y alguien en algún lado lo disfruta; alguien ríe cuando nos despoja de los cimientos de nuestras emociones.
¡Nuestra vida es tan circular! Por momentos cambia, pero no lo suficientemente para convertir esa curva en una recta, esos sueños en realidad. Nuestras acciones nos mantienen a un radio de un interés principal. ¿Podemos cambiarlo? Yo, ellos, nosotros; sólo una cantidad de voces rasguñando cada circunvalación de nuestro cerebro. Si no se hallan ya aplanados por completo.
Se sienten apretados, todos juntos en ese pequeño espacio. Sí, falta el aire, falta todo. Para saciar el hambre de curiosidad sólo podemos mirar los rincones, tan oscuros. O pueden. ¿Qué persona es la correcta cuando nadie quiere serlo? ¿Acaso nosotros queremos ser parte de esto? ¿Qué cosa? Ahora escribe las paredes. Todos juntos, rayan cada espacio blanco. Espacios en blanco, no blancos. ¿Por qué el blanco debe ser vacío? Antes, para ellos, era pureza, grandeza, benevolencia. Tan profundo han quedado enterrados sus recuerdos, que lo blanco es ahora su memoria.
Ayer, al pasar entre tanta gente, notaron cómo los miraban. “Allí van”, decían con desprecio, “los locos, míralos”. Y es que es difícil pasar desapercibido cuando traes el chaleco de fuerza pegado a tu cuerpo. Tienen esa sonrisa. Cuando todos ven sangre, nosotros no vemos más que un color alegre en nuestro mundo gris. Y reímos.
Pero basta de risas. ¿Estamos seguros de querer saber quienes somos? Si nuestros secretos están mejor bajo llave, entonces escondámosla de nosotros mismos, para que nunca nadie recuerde nuestros nombres. Si realmente nos gusta la vida que llevamos, entonces jamás deberíamos haber venido hasta la caja. Pero, ¿acaso somos tan felices sin saber nada? Lo que tenemos, esta demencia, no es más que la repetición de una misma acción, esperando, una y otra vez, resultados completamente distintos.
30/10/08
Demencia
19/10/08
Bosque (intro)
Y todo lo que alguna vez creyó que podía ser, se derrumbó con esas palabras. Si alguna vez la quiso, fue alguna vez. Hoy ya no piensa en ella, ni mañana, cuando se haya ido el miedo del presente. Las cosas que parecían tan fáciles, tan comprensibles, se esfumaron hoy de su memoria. Su mente es complejidad, y nada más que desentendimiento, fuerza, aliento. Cuestión de tiempo, y viento, que se borren o no lágrimas y sonrisas. Si ayer crecía en él el verde de la esperanza, el otoño ha llegado. Recostado en el vacío, sólo necesita ganarle al corazón.
Qué fácil es para el resto ver como el tiempo pasa. Para él, es más que granos de arena, más que todo. Un tesoro tan venenoso. Ya nada sirve para ver el mundo con otros ojos. Cualquier trofeo no lo hará sentirse poderoso, ni hábil, ni útil, ni algo. Vivir es repetir. Una y otra vez, ser derrotado por el amor, morir en batalla; y esperar a renacer. Como un fénix, como la primavera, cosechar el fruto de aquella flor que jamás se mostrará por completo, oculta tras los ojos de la mentira.
Hoy, ni las luces del cielo alumbrarán sus recuerdos. Caminará por siempre en círculos, pensando como volver a aquellos tiempos en los cuales los minutos y segundos eran sólo excusas para escuchar su voz. Y nada más que la suya, esa que ahora parece áspera y dura como el hierro y filosa cual cristal. Pero jamás, nunca jamás, se dejará seducir por el canto de la misma sirena. Habrá de invalidar sus oídos, si es necesario, para no volver a sentirse así. Si es que siente, porque el llanto ha congelado su sangre. Ahora no habla con gente, sino con ellos, los que han visto crecer la humanidad. Jamás, nunca, acariciará sus cabellos.
Prefiere decir que está contento, “mejor así”. Tal vez tenga razón, pero sobre todo quiere sentirse bien con esa idea. Convencerse de que cada momento fue una pérdida de tiempo, por más que hayan sido lo mejor que le sucedió en su vida. Simplemente comenzar de nuevo, en otro lugar, con otra gente, o sin. Él, destruido, prefiere hoy lo desconocido. Por momentos cambiar de cuerpo y ser simplemente un vago, tirado bajo los árboles, solo, solitario. Por momentos pasar entre la gente sin que sepan quién es, sin que crean saber cómo es, sin que lo escuchen. ¡Qué feliz sería si sus pasos no retumbaran! Pero es imposible, y debe resignarse a respirar cada mañana la oscura brisa de la infelicidad. Será mejor, una vez más, decirle adiós a todo. Si es que ella lo era todo.
18/10/08
Escultura
-Creo que fui suficientemente claro la última vez, debes entregarme tus ojos.
-Comer de la mano del cielo, es otra opción. Si sólo llueven rosas de color negro, mis colores a las nubes doy. Que ellas son blancas y lo necesitan más que yo. Más que tú, quizás. Más que cualquiera bajo esta tierra. Hoy los ojos de todos nosotros se bañan en cenizas, se secan. Quisiera humedecerlos de nuevo, pero no existe tal visión que acomode mis tristezas; aún hoy, que tan feliz me siento.
-O bañarse en las tibias aguas del perfume. Una vez más, respirar tierra y tocar todo eso que quisimos tocar. Si mis ojos mienten, entonces ¿por qué no lo hacen mis manos? A lo suave, lo veo y lo toco. Pero si mis ojos duermen y solo áspero acaricio, entonces ¿cómo sabré que lo áspero es feo? Pues no lo veo. Y es que cuatro de ellos no bastan cuando uno se ha ido. Ven, dame tus ojos.
-Y si pierdes el sabor de un día amargo, ¿acaso no estarías bien? Todo lo que necesitas es que los cuatro digan cosas buenas para subsanar el horror que jamás conoceremos, etéreo. Y si subsiste, entonces destruyamos otro. Serán tres para olvidar dos, o ninguno para nunca recordarlos.
-Pues vamos, ¿qué esperas? Verás que el sabor de la sangre es dulce como la miel más roja. Y si no has visto miel roja, entonces no perteneces a este lugar. Los condenados hemos bebido sangre desde que yo fui desterrado.
-Un camarero vino y preguntó por qué agarraba los cubiertos con las manos equivocadas. A todo el mundo le llama la atención ver que tengo tres manos, pero nadie se había sobresaltado nunca al verme comer con cuchara, tenedor y cuchillo a la misma vez. Quizá necesito entregarte una mano, en lugar de mis ojos. Quiero comer con dos cubiertos, no con tres. Tal vez hasta pueda dibujar bien. Siempre está esa tercera raya que arruina mis ilusas obras de arte.
-Trae esa sierra, lo haremos. Pon los dedos aquí, agárrate fuerte. ¿Qué bien se siente, eh? Firma aquí, todo está listo. Sabes que Satanás estará siempre para ayudarte cuando no necesites algo.
08/10/08
Cuatro
-Hoy somos cuatro aquí sentados. Hablamos todos, si nuestras voces no se confunden. Lo que necesitamos es organización. Yo, tú, él, él; ¿cuál es el orden cuando todos somos huecos en la misma pared? Que empiece él, el segundo, él sabrá lo que decir.
-Una vez más miro las blancas paredes que nos rodean. Sí, parecen tan frágiles. Pero del mundo real, el que ellos viven, nos separa más que un grueso muro de ladrillos. Redes de sueños y promesas a las que jamás veremos convertirse en realidad. ¿Recuerdan cuando golpeamos a aquella anciana por su postura encorvada? Sé que era inofensiva, pero eso convierte la situación en algo más emocionante. ¿Por qué lo hicimos? Si acaso estamos locos, dígannos entonces por qué no se golpea a las ancianas encorvadas. Si acaso estamos locos, y la compasión y misericordia duermen durante nuestras acciones, dígannos entonces por qué hay que ser compasivo y misericordioso para ser como ustedes. Ustedes están tan locos como los cuatro; o al menos eso pensamos nosotros. Mas que hable él, que todo lo calla, para que ustedes vean quiénes somos.
-Una vez más miro el blanco techo que nos cubre. Llano, plano, inmaculado. El techo, que tan sólido parece, deja en las más oscuras noches caer la lluvia. Gotas de cristal. Y cortan mi cara, sí que lo hacen, y es por eso que nuestros rostros muestran cada día más sangre donde debería haber piel. Ayer escuché voces. Ayer, como tantos días, no supe cómo responderles. Ellas ordenan y esperan, pero nunca ayudan. Quieren que coseche carne y sangre, y la coma, y la beba. Quieren que arranque los ojos de todo aquel que alguna vez tuvo la soberbia de sentirse mejor que nosotros.
-Mis ojos cual cortinas se corren. Verde fue alguna vez el lecho de nuestras camas. Mas hoy marchitado está, corrompido por lo rojo y lo negro; y lo dorado. La bruja nos trae día a día el deseo de no ver jamás las paredes curvas. Y si hoy no lo trae, nuestros ojos buscarán la forma de convertir en esquinas lo que nunca tuvo líneas rectas. Y más. ¿Por qué no una sala con mil esquinas? Dónde todo es líneas y vuelve a ser esférico. Y nuevamente pedimos a la bruja. Deseos. Frotamos los cuatro la lámpara del genio, y un azul humo escapa del extremo, escurridizo, durmiendo a todo el que lo aspira. Solo sabor a muerte en nuestros labios congelados. Y si hoy no lo trae, nuestros ojos buscarán la forma de convertir en brujas las esquinas, para que de negro, rojo y dorado se llene esta habitación. Ahora falto yo.
-Sólo yo. Y cuando ellos hayan aprendido a mirar hacia atrás, sólo nosotros. Cuatro personas que alguna vez nos preguntamos por qué la gente camina mirando hacia delante. Atrás, las afiladas garras del recuerdo, sedosas telas de memoria que cubren hasta al más autómata de los normales. Abajo, el abismo, el que se halla pintado con la sangre de los pecadores, el que, por traer la luz a los normales, terminó sirviendo a gente como nosotros. Arriba, lo inalcanzable, lo etéreo que todos buscan y nadie ha podido conseguir. Ni ellos, los normales, tan santos, han vuelto para dar verdadero testimonio de la existencia de su padre. Y si tan poderoso es, que ahuyente a la bruja y nos haga ver que es mejor sufrir y no tener sustento, que vivir en un mundo cuadrado vacío en desesperación. ¿Y qué ven adelante? El futuro, incierto, no se revela ni ante el ojo del águila más perfeccionista. El futuro, amigos, se ha ido hoy para nosotros. Y si ella no lo trae esta tarde, nuestros ojos buscarán la forma de ver a estas cuatro personas aquí sentadas como la unidad que conformamos. Y no habrá rojo, ni negro, ni oro, que haga que esta mitad hable con la otra. Porque a partir de hoy, el silencio será el idioma de todos ustedes, menos el mío. Hoy, como tantos días que siguen, solo yo recibiré de su mano el áspero deseo de caminar sobre suelo firme. ¿Y cuál es el orden cuando todos somos huecos en la misma pared? Pues que venga él, él, y tú. Juntos rellenaremos eso que la cristalina lluvia de primavera ha sabido erosionar.
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06/10/08
Al viento
-Míralos corriendo. Siempre sonríen.
-¿Por qué lo hacen? Todos dicen que la vida no es chiste. Pues, si no es chiste, ¿por qué ríen? Tal vez el ruido del tiempo los aturde. Tal vez, asustados, solo pueden reír. Nosotros, los de antes, llorábamos.
-Míralos corriendo. Siempre sonríen. A pesar de todo, sabes, ellos sonríen. ¡Y corren en círculos! Nosotros, los de antes, nos desesperábamos cuando corríamos en círculos. La oscura idea de caer dos veces en el mismo abismo nos erizaba la piel. Sin embargo, aquel pequeño ha caído día tras día en mismo pozo, y sonríe cada vez que sale de él.
-Quizá no es tan feliz. Tal vez necesita que cada día alguien lo salve de su caída para sentirse acompañado, a salvo. Al menos nosotros, los de antes, preferíamos la soledad. Y él, aquel que ves recostado a ese árbol, también la prefiere. Con el tiempo ha aprendido que la compañía atrae las hambrientas fauces del tiempo. Hoy, como cada tarde, prefiere el viento en el rostro, solo para él.
-¿Acaso crees que es feliz? Acorazado, ni ríe ni llora. Devora sus risas y traga sus lágrimas. Preferiría verlo corriendo en círculos, sonriendo, con su vida vacía, como el resto. Tan sólo míralos corriendo. ¿Acaso crees qué, como él, se preocupan de todo lo que sucede a su alrededor? Cuando el vacío se llena de cosas, no trae más que…
-Milagros, eso necesita. Ver la vida con otros ojos. Dejar de sentirse solo, dejar de culparse por todo lo que sucede. Si ellos corren, él debe correr. Ya no puede seguir arrastrando su cuerpo por las negras arenas del solipsismo. El resto debe ser para él algo tangible, y no producto de su imaginación. Él no es la exactitud, ni mucho menos; pero lo cree así. Mas dime, ¿quiénes somos nosotros, los de antes, para hablar sobre él?
-Fuimos como él. Ciegos, creíamos que el mañana jamás llegaría y, cuando lo arañábamos con nuestros frágiles dedos, el futuro ya se había ido. ¡Qué inútiles fuimos! Tanto tiempo creyendo que éramos nosotros lo que importaba. ¿Y el resto? El resto que muera, dijimos. Nos enterraron en lo profundo del olvido. Una vez más, los que corrimos derecho, sin caer en trampas, fuimos omitidos en el libro de la historia. ¿No tienes miedo de que a él le suceda lo mismo? ¿No te asusta pensar que aún con todo su esfuerzo, nada es suficiente para que su nombre quede grabado en el muro de las civilizaciones? Si hoy recodamos a gente que fue mucho peor que nosotros. ¿Qué los hace a ellos mejores, si no lo son?
-Es el tiempo, amigo. El tiempo, que todo lo muda. Ayer, alguien como nosotros pudo haber sido grandioso. Hoy, nos desprecian por nuestra rectitud. Escupen nuestras tumbas, si es que no han usado las lápidas para construir sus casas, y los cajones para calentar el invierno. Y si no es el tiempo quien cambia las cosas, ¿quién más puede ser? Hemos sido los mismos desde que la humanidad tiene recuerdos. Y sólo una cosa nos ha hecho cambiar. Ellas, las agujas del reloj, que antes de ser inventadas, ya existían, y recortaban nuestro cuerpo a su gusto. Hoy, si quiere ser recordado, sólo debe ser él mismo. El tiempo sabrá enterrarlo por siempre o llevarlo consigo por toda la eternidad.
-Míralos correr. Sonríen. Una vez más, como siempre, uno duerme bajo el árbol y araña su corteza. Espero el viento lleve nuestros consejos.
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