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atte Jimpa

21/02/09

Hoy florecen las hierbas en Siberia

-Allí está, ¿la ves? La luz, el tiempo, la lógica, las cosas que no logramos entender: ella que da sentido y velocidad a nuestra órbita, ella que colorea nuestro futuro con tintas del presente, ella que besa suavemente las páginas de nuestra historia, y convierte nuestras lágrimas y sonrisas en retazos del pasado. Ella está allí, y no logras verla: tú nunca tendrás a nadie que represente lo que ella es para mí. Tú decaes, te asfixias y mueres: tú te atreves a olvidar, pero temes ser olvidado.

-Me paro, me levanto: no logro verla; las estaciones pasan a mi lado, difusas, confusas, oraciones del hombre y toda su raza, el silencio del valle y las terrazas del cielo. ¡Me paro, me levanto! Abrazo el espacio, y no logro encontrar tal amor en mi bolsa de afectos. Abrazo al tiempo, y no logro encontrar tal ternura en mi saco de recuerdos. Llantos, y un montón de sonrisas: ¡arriba la memoria!

-Ella odia el extraño color de mis ojos, y todo lo referente a mí. Y, aún así, ¿cómo podría odiarla? Ser odiado no es razón para detestar a nadie: ella odia mis grises ojos y yo adoro los suyos. Ella trae la primavera en invierno, y le regala el verde a los árboles, aún en el cruel otoño. Ella tiene siete sonrisas, radiantes, una con cada color del arcoíris: habla con el que llama a la luz del sol.

-He esperado por este momento toda mi vida, nadando con peces prehistóricos en mares montañosos, océanos de piedra con algas fosilizadas: burbujas de tiempo y alegrías de encuentro. Habla con el que llama al alba: no necesito sonrisas de siete colores, sólo una amarilla, o naranja, o rosa. Escucho, sin nunca ver su hermoso rostro. El tiempo dirá si quiere divisar el mío, al menos a lo lejos, como una isla que emerge de lo profundo del mar, o si prefiere las palabras de alguien nuevo, que no escriba tontas líneas acerca de su belleza. Y nunca la olvidaremos.

-Allí está, ¡mírala, se mueve muy rápido! La luz, el tiempo, el amor, la lógica y los besos que siempre quisimos dar: ella que enciende las turbinas de nuestro ser. No hemos olvidado esa canción que tan bien conocíamos, movimientos de estrellas y momentos de destreza: la esperanza de la desaparición de su aspereza. Necesitamos ese momento, por él hemos aguantado siglos la respiración. Las estaciones pasan a nuestro lado: ¡nos paramos, nos levantamos! La observamos desde aquí, en lo alto de las terrazas del cielo (difusas, nubosas, cargadas de espectros y suaves gritos de euforia no patológica, alegría de lotería y canciones de algarabía: simple e intenso amor por amar sin ser amado), por donde ella hace su camino, incluso hoy, tan gélido, florecen las hierbas de Siberia.

5 bolazos:

Mateo dijo...

Romántico. Muy bueno

Un saludo.

Diego González dijo...

Buen texto, che, en serio. Y lindo diseño... te esforzaste, jiji

Jimpa dijo...

jaja en realidad no valió mucho esfuerzo, ese pájaro vive frente a mi ventana, le saqué una foto y listo. Buen zoom :O

Anónimo dijo...

A vos te corta la escarcha de la incertidumbre siberiana? jajajajajaajajajajaja
el pájaro es mucho más crá que vos dejate de joder, manda y manda, no hay vuelta atrás!

Anónimo dijo...

BEBETO