-Allí está, ¿la ves? La luz, el tiempo, la lógica, las cosas que no logramos entender: ella que da sentido y velocidad a nuestra órbita, ella que colorea nuestro futuro con tintas del presente, ella que besa suavemente las páginas de nuestra historia, y convierte nuestras lágrimas y sonrisas en retazos del pasado. Ella está allí, y no logras verla: tú nunca tendrás a nadie que represente lo que ella es para mí. Tú decaes, te asfixias y mueres: tú te atreves a olvidar, pero temes ser olvidado.
-Me paro, me levanto: no logro verla; las estaciones pasan a mi lado, difusas, confusas, oraciones del hombre y toda su raza, el silencio del valle y las terrazas del cielo. ¡Me paro, me levanto! Abrazo el espacio, y no logro encontrar tal amor en mi bolsa de afectos. Abrazo al tiempo, y no logro encontrar tal ternura en mi saco de recuerdos. Llantos, y un montón de sonrisas: ¡arriba la memoria!
-Ella odia el extraño color de mis ojos, y todo lo referente a mí. Y, aún así, ¿cómo podría odiarla? Ser odiado no es razón para detestar a nadie: ella odia mis grises ojos y yo adoro los suyos. Ella trae la primavera en invierno, y le regala el verde a los árboles, aún en el cruel otoño. Ella tiene siete sonrisas, radiantes, una con cada color del arcoíris: habla con el que llama a la luz del sol.
-He esperado por este momento toda mi vida, nadando con peces prehistóricos en mares montañosos, océanos de piedra con algas fosilizadas: burbujas de tiempo y alegrías de encuentro. Habla con el que llama al alba: no necesito sonrisas de siete colores, sólo una amarilla, o naranja, o rosa. Escucho, sin nunca ver su hermoso rostro. El tiempo dirá si quiere divisar el mío, al menos a lo lejos, como una isla que emerge de lo profundo del mar, o si prefiere las palabras de alguien nuevo, que no escriba tontas líneas acerca de su belleza. Y nunca la olvidaremos.
-Allí está, ¡mírala, se mueve muy rápido! La luz, el tiempo, el amor, la lógica y los besos que siempre quisimos dar: ella que enciende las turbinas de nuestro ser. No hemos olvidado esa canción que tan bien conocíamos, movimientos de estrellas y momentos de destreza: la esperanza de la desaparición de su aspereza. Necesitamos ese momento, por él hemos aguantado siglos la respiración. Las estaciones pasan a nuestro lado: ¡nos paramos, nos levantamos! La observamos desde aquí, en lo alto de las terrazas del cielo (difusas, nubosas, cargadas de espectros y suaves gritos de euforia no patológica, alegría de lotería y canciones de algarabía: simple e intenso amor por amar sin ser amado), por donde ella hace su camino, incluso hoy, tan gélido, florecen las hierbas de Siberia.
La Verdad sobre el origen de Está acoplando
Hace 54 minutos


5 bolazos:
Romántico. Muy bueno
Un saludo.
Buen texto, che, en serio. Y lindo diseño... te esforzaste, jiji
jaja en realidad no valió mucho esfuerzo, ese pájaro vive frente a mi ventana, le saqué una foto y listo. Buen zoom :O
A vos te corta la escarcha de la incertidumbre siberiana? jajajajajaajajajajaja
el pájaro es mucho más crá que vos dejate de joder, manda y manda, no hay vuelta atrás!
BEBETO
Publicar un comentario en la entrada