Él hizo su camino cómo nadie le ha enseñado. Él ha leído sus propias líneas, una y otra vez, y sólo encuentra en ellas una foto de su amada y vapor color vuelo de mariposas. Excava suelos de roca y vomita sobre estatuas de oro: nadie dijo que existen las cosas imposibles, es imposible que no exista una cosa. Pan, aire, y pan. Correremos por los pasillos de la invalidez con sillas de ruedas que han sido pinchadas por los terroristas de la ceguera. Ellos mandan a prisión puñados de melancólicos suspiros y alimentan con ellos a los convictos: el aroma a ladrillos húmedos fomenta el acostumbramiento al encierro. ¡Corre! ¡Eres preso de tus urgencias!
Soñé volver a casa, a mi casa como era cuando tenía seis años. Ella se erguía enorme, rodeada de robustos árboles con raíces que duermen en los confines de la tierra. Ella pedía a gritos abrigarme en su interior mientras una tormenta arreciaba, pintando el cielo de amenazadores grises y temerarios violáceos. Junto a la estufa a leña, pensé en qué haría hace tanto tiempo la mujer que hoy amo. Extraño a mis tiempos de niño, mis tiempos de humano. Siembro recuerdos que sé que jamás cosecharé, y aún así miro por la ventana día tras día, esperando verlos crecer, esperando reírme con la misma alegría de aquel entonces. He quemado fotografías de días rojos, días verdes y tardes azules. Mi memoria se ha escurrido por el ducto de la pileta mientras lavaba mis manos. Mi madre siempre me decía: “mantén la cabeza erguida: la inteligencia anhela escapar”. Y le obedecí, y hasta ahora ella permanece conmigo, alimentando mi locura, mi obsesión por el orden, mis ventiladas ansiedades; pero jamás puedo recordar ni un sólo segundo de mi pasado. De niño amaba las tormentas, y las sigo amando. Cada gota de lluvia marcaba para mí un camino algebraica y precisamente calculado, los senderos hacia el azul espumoso del cielo o los túneles hacia los anaranjados penetrantes del infierno. Siempre tuve simpatía por Satanás, a pesar de haber sido educado en instituciones que lo rechazaban. Él me mostraba lo verdadero de la vida: la muerte, funesta y oscura como la boca de mi primer perro. Él tenía dientes como enormes cuchillos y ojos como tentadores diamantes de sangre. Él era el mejor amigo del hombre, ¡pero cómo le gustaba su carne! De niño tuve que aprender todo a incalculables velocidades. Mi obsesión por saber, por lograr entender las cosas, me enseñó a hablar cuando tenía apenas un año de vida. A temprana edad supe contar las manzanas en la cocina y discutir con el hombre del quiosco por el vuelto. Y luego desperté, como si nunca hubiera dormido.
Amanecí rodeado de vuelos de palmeras y cantos de rocas: un sinfín de principios entre las gotas de miel en aquellas tazas. Pintaron con los dedos una puerta en la pared, y no temieron ir corriendo hacia ella. Tomando aliento, hasta el más tímido atraviesa una puerta sellada: entraron en un mundo de gritos eufóricos y llantos maniáticos, pero no tuvieron que pagar entrada. Allí tomaron pociones para hacer crecer el cabello, se bañaron en la fuente de la juventud y sembraron habichuelas mágicas que rascaron el cielo, allí donde los gigantes y vampiros se ríen de nosotros. Leyeron historias de terror donde ellos mismos eran los monstruos y lloraron de la risa con comedias en donde los hombres eran los raros. ¡Canta, humano! Es la voz lo que te une a los pájaros, si no posees alas.
Soñé con un arcoíris de sensaciones maquiavélicas, desde la muerte al amor, acariciando el espectro de cada color. Rojos y grises se camuflaron bajo mi sombra pintando mis huellas del color de mi estado de ánimo. Pero con sólo soñar no basta. Quise arañar con mis toscos dedos las asperezas del lenguaje, y sólo obtuve estúpidos y lujosos versos acerca de su rostro de porcelana. Quise plasmar mi realidad en el papel, pero las palabras no sabían ordenarse de la forma adecuada. Me rendí, como de costumbre, y caminé hacia donde el horizonte se curva con los cantos de las sirenas. ¡Siembra amor! O tus palabras carecerán de sentido.
Ahora contenemos nuestra respiración. Si ella no desea vernos, entonces el suicidio es el mejor camino hacia la verdad. Ya veremos si llora o baila sobre nuestros restos: sólo los fantasmas conocen sus verdaderos amigos. Nos hace falta la histeria, queremos romper edificios con nuestras cabezas, usándolas como martillos; queremos tragar la sangre de los que se cruzan por nuestro camino. Ahora exhalamos, el aire desea escapar. Gritamos y rasgamos nuestras gargantas con las voces del demonio, la sangre brota de nuestras lenguas, ¡mentiras, odio, traición! Las paredes se manchan de rojo y escupimos la fibrosa carne de nuestros pulmones; los tiramos por la ventana, los incineramos con ensordecedores aullidos. Matamos a nuestros amigos a cabezazos y rompemos sus costillas a patadas, pintamos nuestros rostros de sangre. Nuestro mundo debe ser rojo y sólo de ese color será nuestra alegría. ¡ESCAPA! Ha llegado hoy el día en que elegimos el infierno, se ha ido hoy el orden del pensamiento. ¡ESCAPA! Hoy, bajo el cielo, el fuego quema nuestro cerebro. La gravedad te consume: ¡mantente en el sendero de la luz! ¡ESCAPA! Si ella no nos ama, quemaremos nuestros cuerpos en el volcán del olvido. Y no importa lo que nos diga: aún olvidados, como a ninguna la amaremos.
25/01/09
Por la ventana
Publicado por
Jimpa
a las
17:30
14
bolazos
23/01/09
Dieciséis
-Escribiremos sobre lo que sea, pero al final, sólo las cenizas quedarán. Hemos caminado amablemente bajo la sombra del tiempo, y al fin los minutos comienzan a dejar sus cicatrices. A partir de hoy, deseo que todo lo que alguna vez fue recto se doble hasta encontrar su fin con su comienzo. La historia no sigue un curso, sino un ciclo, y terminará donde comenzó, por más que nos sea difícil recordar sus principios. Del polvo venimos, y en polvo nos convertiremos.
-Existe una suave canción que alegra mi espíritu, noble como el rugido de un león, sigilosa como el batir de alas de un hada, colorida como la piel del camaleón. Así, su melodía es como un laberinto en el cual las paredes cambian de posición y me prohíben siempre encontrar mi camino. Escucho esa canción cada segundo, y sólo parece traerme memorias de ella, y de cómo ella se fue, desgarrando mi espíritu. Anhelo el silencio como el más sediento a la lluvia; les hemos rezado a los dioses para que nos empapen con la respuesta de los sabios, y no nos han traído más que inútiles respuestas de televisión. Héroes de control remoto.
-Abrí una vez la caja de Pantera. Era como la de Pandora, pero con “te” en lugar de “do”, y no tenía nada que ver con ella. Al abrirla, se guardaron en ella todas mis memorias, y, si hay algo que todavía no comprendo, es cómo aún recuerdo ese momento, pues esa memoria debería haberse ido al igual que el resto. Es cierto, recordamos lo que deseamos recordar; nuestra mente se ha formado para que, con el mayor sigilo posible, nuestros malos momentos se hundan en lo profundo de nuestro ser. Caína espera al que a uno mismo se traiciona.
-Otros rezan al Dios del televisor por que los corrompa. El tiempo levanta una tempestad y agita sus mortíferos cabellos, pero sus ojos, demasiado cansados, no pueden notar cuán secos se hallan. No existe ya forma de no hablar de ella. Miren, imbéciles, somos dieciséis para agotar su perfección con melancólicos suspiros. El triste jamás sentirá el calor de una lágrima de alegría. El triste, sólo llorará.
-¡Y nunca paren! ¡Nunca paren de buscar esa respuesta! Puedo olfatear el aroma de tu miedo, azulado, violáceo, cianótico; escucho los latidos de tu corazón a distancias intransitables. Tu sangre es hoy más rígida que nunca. Jamás había raspado como hoy las paredes de tus venas. ¡Y mira, si no lo crees! ¡Mira como tu piel se ha poblado de gotas rojas, que asoman por tus poros pidiendo libertad! Tu sangre, verde como la esperanza y roja como el amor, saciará la sed de los que rezamos aún por la caída de la lluvia. ¡Corran! El demonio nos aplastará con sus mil pies llenos de púas. ¡Huyan! El amor que un día los protegió, hoy se ha desvanecido. El que ama y no es amado, de poco tiempo dispone. ¡Hazte amar, idiota! Antes de que el odio le gane a la pasión.
-Contamos con la astucia de los débiles. La inocencia no mata a un pueblo, pero tampoco lo salva. Aquellos que nunca lucharon nos mostrarán el verdadero camino. Porque ellos saben lo que dicen: aquel que nunca ha visto la muerte, conoce las mejores formas de matar. Cultiva odio, y manzanas, que de la ira nadie logra alimentarse. Deberás ver crecer cada fruto con paciencia y, cuando madure, lo arrancarás despiadadamente. Sólo aquel verdaderamente paciente esperará a que el pasto tape su vista para cortarlo.
-Control. La vida se ha llevado todo aquello que solíamos desear. Con el tiempo nos hemos olvidado de cómo es la forma correcta de manejar cada situación. Nos caímos, y siempre supimos levantarnos. Mañana también lo haremos, pero cada vez caemos más fuertemente, y temo por nuestra salud. Control. La muerte traerá todo aquello que solíamos temer. Cada minuto que pasa nos recuerda cómo es la mejor forma de solucionar nuestros problemas. Nos caímos, y siempre nos costó levantarnos. Mañana quizá no lo lograremos, mañana quizá caigamos tan fuertemente que nuestra salud ya no sea motivo de nuestra preocupación. Todos los que caen deberían saber cómo levantarse, pero en esos detalles es que la vida y su injusticia encuentran su
plenitud.
-Sabemos cómo será todo. Primero una despedida; parcial, temporal, pero despedida al fin. Con el tiempo el aire se irá cargando, será tan denso como el agua, o peor aún, espeso y tóxico como el mercurio. Nos ahogaremos en él mientras ella nos señala, desde afuera, riéndose de nuestras desgracias. Tal vez te despidas de nosotros, pero al menos déjanos vivir y ver cómo tu vida se vuelve tan miserable como la nuestra. El que vidas arruina, debería estar consciente de que la suya es también objetivo de otras personas como él. ¡Corre, ingrato! ¡Fúndete con el sol, allí donde el horizonte parte en dos a la tierra!
-Toda rosa guarda una espina. La suya será la más venenosa que el hombre jamás haya probado, pero la gracia de sus pétalos, su perfume, la harán la más tentadora. Ella ha robado nuestra alma y la ha guardado allí donde Satanás no deja que nadie vea. ¡Despierta, crédulo! Todo lo que ella dice son puras mentiras: el odio brota de su garganta como lava de un volcán.
-¿Quién desea escuchar al décimo? ¿Acaso no prefieren al decimoprimero? Anda, hermano, ella no escucha lo que dices, así que habla rápido y busca alguien a quien realmente le intereses.
-Ella tiene el rostro más hermoso que jamás hayamos visto. Ella tiene labios como rosas y ojos como estrellas. Ella se baña en pozos de cristal, pero empapa nuestros ojos con lodo hirviendo traído del fondo del infierno. Ella se dibuja como un ángel y pinta nuestras cabezas con cuernos cultivados en los jardines del demonio. Ella espera a vernos morir.
-Si nos enterramos vivos, la furia dejará paso a la soledad. La soledad dejará paso a la desolación. La desolación saludará amablemente a la tristeza, y ésta poblará por siempre las cavidades de nuestro corazón. La tristeza será el motivo de cada bombeo sanguíneo, el motor de nuestra paciencia. ¡Espera, imbécil! Algún día el mundo jugará para ti.
-Que comience la función. No hay discurso que explote tanto como el nocturno aullido de los lobos sordomudos. No hay lodo que nos entierre tanto como el que se escurre de la turbia confianza de nuestra dama de colores. Ella se cubre de rojos y amarillos y nos hace olvidar su falta de educación. Ella no piensa en nosotros, idiotas, ella se ríe de nuestras infamias.
-¡Cambien de canal! La televisión pudre sus mentes, la pantalla escupe en sus ojos y se excita con sus rostros salivados. El volumen no es el problema, ni las imágenes: el problema es el hecho de perder el tiempo viviendo las vidas de personas que jamás conoceremos. Ella jamás te amará: ella busca lo que el control remoto dice que es atractivo.
-Corta ya tus hilos, marioneta. Belcebú se ha cansado de manejarte, y busca la manera de incinerarte en el infierno. Tú nos has dicho que nos querías y todo ha sido falso. Tú mereces nada menos que el olvido y la traición. Tú mereces ser suprimida, por primera y última vez. ¡Corre, pues el último de nosotros ha de decirte cuán poco deseamos tu compañía! ¡Corre! Pues el sol no saldrá para ti el próximo día.
-Nosotros encandilamos los ojos de la terquedad. Nosotros consumimos poco a poco la luz de la sabiduría: quemamos con aceite el árbol de nuestras vivencias cotidianas. Si alguna vez deseamos ver tu rostro, hoy deseamos pisotearlo y prenderlo fuego. Él ya te ha mostrado lo que buscabas: el tiempo y el espacio que nosotros te quitamos. Él ha robado tu corazón, y nosotros no podemos hacer nada más que desearle suerte. Tú conoces nuestra forma de operar: acatamos órdenes. Y tú nos has ordenado amablemente que nos retiremos de tu vida. Nosotros, bañados en lágrimas, escaparemos hacia un mundo de sombras, de grises. Escucha atentamente: una vez dicho esto, jamás recordarás nuestros nombres. Somos potencias de dos que cayeron una vez en las redes de tus encantos, somos un número par que fue seducido por el calor de tu voz: pero ya nunca más. Ante ti, ruego al cielo por alguien tan bella como tú, pero más amable; y, de rodillas, te escupo.
21/01/09
Sapere aude
Volvió sus dos cabezas y gritó: ¡detergente! Determinada gente dirigió su individual mirada hacia tal llamado, oblicuo, desesperado. No conserve su ira: irá cediendo. Sobre el mantel: un par de lentes para leer duermen sobre una fuente con la inscripción "¡Abajo los poetas!" Lo nuestro no es arte ni inspiración: es el continuo y ensordecedor canto de nuestras circunvoluciones cerebrales. Ellas despiertan hasta al más sordo de los ciegos, así que no dude en acostarse temprano: ellas llaman cuando no hay papel sobre el cual escribir.
Tomó sus delicadas manos, las guardó donde jamás pudieran escapar, y siguió su camino. Hoy se pregunta si el cielo verá caer algún día una fría lluvia de verano sobre sus lúgubres y tristes ojos. Hoy llora, sin pronunciar palabra. No salte las vallas, vaya hacia donde el sol nace y corre como agua, rasgue el horizonte. Y jamás, ¡jamás piense en volver atrás!
Sobre un botón telefónico ella ha dejado claro cuánto lo quiere, cuánto lo extraña. Él necesita ahogarse con su llanto para ganar su propia confianza. Sin dolor jamás habrá lección, o al menos eso afirman los hijos del rigor. ¡Atiendan! Hoy sobre el mar nace el volar de los hombres pájaro; bajo él, el nadar de los hombres pez. Serán con el tiempo pescados, ¡y con qué cañas!
El ventilador, sobre nosotros, corta los rayos de sol, y más tarde los de luna. ¡Cómo hemos deseado cantar sobre las cajoneras de robles que cuidan de nuestros corazones! Nacimos con ojos de zafiro que con el tiempo han elegido el camino de la plastificación. Simples receptores, olvidan con desprecio el amor adjunto a cada imágen, el sabor del rojo, el dolor del gris.
Ya no más. Sobre la habitación destellante duerme despierta una dama hecha enteramente de cristal: sus ojos aún permanecen intactos, incorruptibles. Hemos decidido olvidar los dictados de nuestros robóticos cerebros y prestarle atención a ella, la doncella de nuestros sueños. Un plato de inconsciencia para la mesa nueve, por favor, lo más jugosa posible.
En un abrir y cerrar de ojos cualquier abismo se desvanece, escurridizo. Quienes leen y no comprenden: dejen de hacerlo, nos interesan solamente aquellos capaces de ver más allá de su realidad. ¡Corran, escapen! Ha vuelto el día en que el cielo y el infierno son insuficientes. Pensad, es éste el nuevo y único orden de los hombres con alas.
01/01/09
Extraña al bisiesto
-Tú, año, me has devuelto a la vida. No más fotos para oscurecer mi pasado, ¡traguemos el presente! Ella se olvidará de mí y todo volverá a ser como antes, la soledad y yo una única persona. Paredes: ¡háblenme! No quiero pasar un día sin su voz, pero la de ustedes aliviaría eso que el destino traerá hoy o mañana. Si el año nuevo fuera persona, y deseara hablarme, entonces se escucharía más o menos de la siguiente manera.
-Tú me dices a dónde ir, dónde debo encontrar las cosas; pero yo soy tu guía. Y a partir de hoy tú seguirás el camino de mis días, navegarás o naufragarás las aguas de mi tiempo, oscuras, escurridizas, tan profundas como tu negra garganta. Todos lo sabemos, ella ya se ha olvidado de ti, conoce mejores personas que alegran su vida como tu nunca podrás. Olvida, ciego, sordo, mudo: no hay dolor en este mundo si no puedes sentirlo. Y si el tiempo, que tanto me regula, fuera persona, entonces hablaría de la siguiente manera.
-Yo les digo hacia dónde ir; mi alma su brújula, mi mente su dirección. Pensaré día tras día como arruinar su vida, como destrozarla en pequeños segundos para que cada instante de ti, nuevo año, resulte asquerosamente insoportable. Y si no lo logro, entonces olvídense de mí, como ella se olvidará de ustedes, como ella se ha olvidado de ustedes. Ella dirá que no, que se acuerda de ustedes, pero conmigo, con el tiempo, se irán dando cuenta de que jamás tuvo la voluntad de recordarlos. Crucen el puente: un nuevo camino está hecho para ser transitado, sin importar qué tan destrozado esté. Y si la esperanza hablara, entonces la oiríamos de la siguiente forma.
-Hoy de negro me visto, a pesar de mi verdor: pues no hay tristeza mayor que ver disolverse el amor. Mas descuida, desolado, si ella no quiere recordarte, alguien más lo hará. La esperanza, el tiempo, y el nuevo año por venir nos encargaremos de que sonrías, a pesar de que tus recuerdos llenen de lágrimas las vacías cuencas de tus ojos. Llora pues, porque te ha olvidado, pero resiste, podrá llegar el día en que vea que, tal vez, no debería haberlo hecho. ¿Y si aún no lo ha hecho, y si aún desea recordarnos? He aquí el color del porvenir, el aroma del presente y la suavidad del futuro: creemos que estamos seguros de cómo serán, pero jamás lo sabremos con certeza. ¡Piensa fuerte, mi amigo, piensa en colores! Las memorias, tus tristezas, no tienen por qué estar en grises, blancos, y negros. Dales color, y se fortalecerán: jamás desearán recordarte si tú no estás dispuesto a que lo hagan.

