Una puerta suele tener tres entradas. Por delante, por detrás, y por ella misma. Si colocamos en una de sus simpáticas caras un punto rojo, será por el punto rojo, por lo blanco, o por ella misma. Esto sucede, lamentablemente, sólo al ser la puerta blanca, pues existe otra teoría intensiva y extensivamente diferente para las puertas verdes. Se añaden tres nuevas entradas si nos aproximamos a ella por el punto rojo inversamente, es decir, caminando sobre nuestras manos, o por el blanco, de la misma forma, o por ella misma de esa manera.
Caminando hacia atrás entraremos por lo rojo siendo lo mismo a salir por lo blanco de espaldas, o a permanecer de pie hacia lo rojo por ella misma, estando no entrando ni saliendo, sino en ella misma, y como corresponde a dicho portal. Caminando hacia atrás entraremos por lo blanco siendo lo mismo a salir de espaldas por lo rojo, o a permanecer de pie hacia lo blanco por ella misma, estando no entrando ni saliendo, sino en ella misma, y como corresponde a todo portal.
14/04/09
[II]
08/04/09
Encuentra un camino (o crea uno)
No puedo recordar nada. Sentado en una incómoda pero extrañamente agradable silla, llueven sobre mi escéptica consciencia las más esenciales preguntas sobre la creación del universo. Debe haber, más allá de nosotros, algo que controle nuestras vidas, algo que pueda realmente entenderlas, pues ningún ser humano (como si confiara de nuestra inteligencia) ha podido. ¿Puede entonces algo no ser comprendido? ¿Podemos entonces simplemente sentarnos y darnos por vencidos, guardar esas cuestiones en lo profundo del olvido? Sentado aquí, no me proclamo creyente, sino paciente. Como históricamente lo ha hecho, el tiempo sabrá decirnos a todos, o a uno de nosotros, los secretos de esta existencia por la que a tantas deidades hemos querido responsabilizar.
05/04/09
Las moras y sus colmillos
Escuchad esta fría noche el sabio rechinar de las morsas moradas: ellas cantan y aúllan tras el correr de la luna, que busca, y encuentra a su paso, el ensangrentado camino del mal porvenir. Ellas callan, afilando sus inconmensurables dientes en cristalinas rocas de sal, y rezan con sus orquestales aletas por la llegada del ragnarok. Excusa tus hermosas aguas por tu lengua de buen besar, escupe, una y otra vez, sobre eso que todos contemplan con ojos de arte y aires de admiración. Lo artístico, como lo conocemos, son rayas, manchas, y ojos de crayolas. Lo artístico, como lo están viendo, no es más que el delirante excretar de mis sofocadas mentes diabólicas.
Aún no logro dormir.
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