-¿Los ha visto, señor?
-¿A quiénes?
-A los jóvenes globos aerostáticos, danzantes, canturreantes. A los pobres herederos del sabor amargo de la libertad imaginaria. A los alquimistas que buscan convertir en libre albedrío el oro que rechina en sus bolsillos. A los tontos que todo lo malgastan sin pensar en el amanecer del porvenir, sólo porque el poder es HOY, el Momento.
-¡Hoy! ¡Pero si los he visto! Frágiles, débiles, temerosos ante la presencia de cualquier objeto punzante (una aguja, quizás) que haga temblar la estirada goma que los eleva hasta ser uno con el sol. ¡Crédulos! Héroes de película, y nada más. Rehenes del control remoto, por así decirlo. ¡Es el público quien decide el color de sus cabellos! ¡Es el espectador el que dicta quién duerme en sus camas! Es el vil pulgar oponible quien nos dirige cual bólidos hacia las infernales llamas.
-Exactamente… ellos, ¡si no serán ellos! Con sus pelucas colmadas de pulgas y garrapatas ideológicas, nos venden sangre en lugar de vino, y la tomamos sonrientes en refinadas copas de cristal. Exactamente ellos, ¿quién más sino ellos? Con sus enrojecidos ojos y sus gastados, finos y secos labios, dándonos órdenes a través de pantallas de amabilidad y servicio. No nos brindan más que el derecho a ser sus esclavos.
-Esclavos del Rojo, el Verde y el Azul.
-¿Los has visto, entonces?
-¿A quiénes?
-A los elefantes, ¿quiénes más?
15/08/09
Elefantes
02/08/09
Las piernas del grillo
Es la sabia y preponderante tormenta
el lujo de nuestras hambrientas miradas.
Son la velocidad del rayo, la voracidad del trueno,
el combustible de nuestros apagados latidos.
¡Quiero romper mi cráneo contra el tuyo,
oh, sabio filósofo de la antigüedad!
He soñado anoche escapar de esta amarga ironía;
he cosechado frutos del árbol de fantasías.
Nos quejamos, nos asustamos, frágiles,
ante la grandiosidad de nuestras vidas;
no queremos ofenderlas, y -¡ah!- intentamos respetarlas;
no queremos lastimarlas, y-¡ah!- osamos traicionarlas.
No os asustéis, mis fieles fantasmas,
pues son estas insípidas vidas que arrastramos
la causa que nos empuja a anhelar otra realidad.
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