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atte Jimpa
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19/10/08

Bosque (intro)

Y todo lo que alguna vez creyó que podía ser, se derrumbó con esas palabras. Si alguna vez la quiso, fue alguna vez. Hoy ya no piensa en ella, ni mañana, cuando se haya ido el miedo del presente. Las cosas que parecían tan fáciles, tan comprensibles, se esfumaron hoy de su memoria. Su mente es complejidad, y nada más que desentendimiento, fuerza, aliento. Cuestión de tiempo, y viento, que se borren o no lágrimas y sonrisas. Si ayer crecía en él el verde de la esperanza, el otoño ha llegado. Recostado en el vacío, sólo necesita ganarle al corazón.

Qué fácil es para el resto ver como el tiempo pasa. Para él, es más que granos de arena, más que todo. Un tesoro tan venenoso. Ya nada sirve para ver el mundo con otros ojos. Cualquier trofeo no lo hará sentirse poderoso, ni hábil, ni útil, ni algo. Vivir es repetir. Una y otra vez, ser derrotado por el amor, morir en batalla; y esperar a renacer. Como un fénix, como la primavera, cosechar el fruto de aquella flor que jamás se mostrará por completo, oculta tras los ojos de la mentira.

Hoy, ni las luces del cielo alumbrarán sus recuerdos. Caminará por siempre en círculos, pensando como volver a aquellos tiempos en los cuales los minutos y segundos eran sólo excusas para escuchar su voz. Y nada más que la suya, esa que ahora parece áspera y dura como el hierro y filosa cual cristal. Pero jamás, nunca jamás, se dejará seducir por el canto de la misma sirena. Habrá de invalidar sus oídos, si es necesario, para no volver a sentirse así. Si es que siente, porque el llanto ha congelado su sangre. Ahora no habla con gente, sino con ellos, los que han visto crecer la humanidad. Jamás, nunca, acariciará sus cabellos.

Prefiere decir que está contento, “mejor así”. Tal vez tenga razón, pero sobre todo quiere sentirse bien con esa idea. Convencerse de que cada momento fue una pérdida de tiempo, por más que hayan sido lo mejor que le sucedió en su vida. Simplemente comenzar de nuevo, en otro lugar, con otra gente, o sin. Él, destruido, prefiere hoy lo desconocido. Por momentos cambiar de cuerpo y ser simplemente un vago, tirado bajo los árboles, solo, solitario. Por momentos pasar entre la gente sin que sepan quién es, sin que crean saber cómo es, sin que lo escuchen. ¡Qué feliz sería si sus pasos no retumbaran! Pero es imposible, y debe resignarse a respirar cada mañana la oscura brisa de la infelicidad. Será mejor, una vez más, decirle adiós a todo. Si es que ella lo era todo.

29/09/08

Bosque

Ahora le hablan. O al menos él escucha voces, mientras recorre ese camino que no parece terminar jamás. Ellos, los ancianos que solo se mueven cuando nadie los ve, respiran en silencio. Pero él sabe que le hablan. Sino, ¿para qué están ahí? ¿Cuál es el motivo de la existencia de cualquier ser si éste no puede comunicarse con otros? Para él, la comunicación es hablar directamente, sin intermediarios, sin señas, sin nada. Acaricia su rugosa piel y escucha sus cantos. Hoy, como cada día, ellos muestran su vida, plena, por más años que tengan.

Hoy. ¿Y mañana? ¿Qué pasará cuando los días se hagan noches, cuando la luna se trague poco a poco la esperanza de aquellos que esperan la luz? Hoy, cuando la luna y el sol comparten el día, ellos vuelcan sus dorados cabellos sobre su rostro. Mañana, cuando la nieve haya poblado su cumbre, no habrá cabello que acaricie sus suspiros. Pero ellos, inmensos, amanecen nuevamente.

Dicen que está loco; los que lo ven, y los que no. Después de todo, él abraza a los árboles y les pide consejos. Después de todo, él sólo habla con las plantas. Después de todo, él se ríe junto a las más lúgubres flores. ¿Y con personas? Él odia las personas. Encerrado en su coraza, él prefiere la savia a la sangre.

Cómo terminó así, ni él lo sabe. Algunos dicen que se crío junto a ellos, los que lo han visto todo. Otros creen que alguna vez amó y fue engañado, y por eso se oculta en los bosques. De noche, cuando el sol no ilumina su guarida, pueden escucharse sus llantos. Ellos, los que han de oír todo, escuchan con fascinación; y él, aunque esté loco, los prefiere a ellos. Sus verdes hojas han aprendido que el agitado y ventoso silencio es la mejor de las respuestas.